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Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria
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    Los grandes ámbitos territoriales que configuran ambientalmente el municipio de Las Palmas de Gran Canaria son:

    • Paisaje costero
    • Entornos volcánicos
    • Barrancos
    • Paisajes agropecuarios tradicionales
    • La ciudad

    La Isleta

    1.- El paisaje costero agrupa las distintas expresiones físicas en la que confluyen las franjas acantiladas (El Rincón, La Isleta, La Laja) con las dársenas litorales diversificadas en las playas (El Confital, La Laja, Jinámar) y costas bajas (La Isleta, costa norte). Se trata de territorios en el que el contacto de la diversidad geomorfológica con el mar se traduce en escenarios paisajísticos con cuencas visuales de gran amplitud y arraigo en la percepción social y turística de la población del municipio. Del mismo modo, se trata de conjuntos con unos valores naturales de contrastada relevancia científica en el contexto geomorfológico y ecológico de la Isla (Terraza Sedimentaria de Las Palmas, corte geológico del Rincón, avifauna costera fija y migratoria, comunidades botánicas endémicas locales e insulares, etc.), resaltando su participación en la propia calidad medioambiental del territorio. Aquí se excluyen las innegables peculiaridades medioambientales de la zona costera inserta en el entramado urbano de la ciudad, que se valorarán de modo específico en la ordenación del Suelo Urbano.

    Conjunto volcánico de Bandama

    2.- Otro conjunto paisajístico se corresponde en los entornos volcánicos pleistocénicos y cuaternarios existentes en el municipio (La Isleta, Bandama, Tafira, La Caldereta). Su relativa conservación y el limitado período geológico de erosión y modelado terrestre tienen como resultado sendos escenarios de interés científico y didáctico respecto a una temática –procesos y paisajes volcánicos- muy arraigada en la investigación medioambiental de las Islas y en la percepción social del paisaje. Conos volcánicos, cráteres desmantelados, malpaíses, lenguas lávicas, mantos piroclásticos, microformas volcánicas, son ejemplos representativos del desarrollo local de estas superficies.

    3.- Los barrancos encajados constituyen un grupo de formaciones topográficas con una constitución paisajística diferenciada. El efecto de ruptura entre los respectivos cauces y los ámbitos de coronación mediante escarpes más o menos pronunciados aporta una riqueza visual que aparece cualificada por la presencia de comunidades faunísticas y botánicas de contrastada singularidad (presencia de especies endémicas y amenazadas que forman parte del sistema ecológico insular); así como un capítulo destacado dentro de la diversidad geomorfológica del municipio y, por tanto, de su riqueza ambiental. El tramo medio-alto (dentro del municipio) del Barranco de Tenoya-Lezcano, el Barranco de Tamaraceite, el tramo medio-bajo del Barranco del Guiniguada, el Barranco de Las Goteras, Barranco Seco-El Fondillo, el Barranco de Las Goteras y los tramos de alternancia topográfica de los barrancos del cuadrante suroccidental y suroriental del municipio representan el elenco de esta familia de paisajes de interés medioambiental en el suelo rústico.

    4.- El desarrollo histórico de las relaciones entre el hombre y el medio rural se ha traducido en la distribución de entornos que combinan de modo armonioso el poblamiento y los aprovechamientos agrícolas y ganaderos con un contexto medioambiental de interés geomorfológico y ecológico. Podemos denominarlos como paisajes agropecuarios tradicionales, con unas singularidades propias de su ubicación en un área metropolitana como la del norte grancanario. Ámbitos municipales como Los Hoyos-Bandama, Tafira Alta, Maipez-La Calzada-Siete Puertas, San José del Álamo, entorno de Tenoya o el entorno de los Altos de La Milagrosa, incorporan actualmente esta aptitud y participan de la riqueza medioambiental del municipio desde esta perspectiva, constituyéndose en parte imprescindible de su herencia paisajística. En este sentido, el argumento de su interés y su necesaria protección no está tanto en el valor de los elementos individuales que lo forman (relieve, flora, poblamiento, usos del suelo, patrimonio etnográfico, etc.), sino en la riqueza visual de su conjunto o del resultado paisajístico de la relación entre ellos; de modo que la alteración de las características singulares de dichas individualidades motivaría la alteración del conjunto paisajístico que se valora.

          Por otra parte, los tramos topográficos de paisaje abierto representan otro de los apartados singulares en la constitución física y medioambiental del territorio de Las Palmas de Gran Canaria. Ámbitos como Los Giles, Parque de San José del Álamo, Vega de San Lorenzo, Marzagán-Los Hoyos o la desembocadura del Valle de Jinámar incorporan una calidad paisajística indiscutible y una especificidad dentro del conjunto del suelo rústico municipal. Dichas cualidades se soportan sobre elementos territoriales diversos, tales como conjuntos geomorfológicos escarpados, soportes geológicos singulares, desarrollo del poblamiento tradicional, ubicación como atalayas paisajísticas de cuencas visuales kilométricas, etc.. El Maipez

         Sin embargo, todas confluyen en un escenario que experimenta procesos de degradación de sus valores paisajísticos y naturales concretos, derivados de las importantes transformaciones territoriales (crecimientos edificatorios recientes y desintegrados, abandono mayoritario de las actividades agropecuarias, degradación de las comunidades vegetales, etc.). Esta circunstancia no sólo no desacredita el interés paisajístico sino que motiva su definición como conjuntos dotados de aptitudes para albergar aprovechamientos de contacto recreativo y didáctico-ambiental entre la población y el medio rural, evitándose así la afección a entornos de mayor fragilidad. La excepción de ello la transmite el conjunto de Los Giles, donde la fragilidad visual frente a la ocupación de elementos no naturales es crítica y, por tanto, no susceptible de alteración de ningún tipo.

    5.- Un último paisaje general lo constituya la ciudad en si misma, donde el proceso de formación, el entramado de calles y construcciones y la variada tipología edificatoria y de organización funcional convergen en un espacio densamente ocupado por la población, las infraestructuras y las actividades humanas. En ese desarrollo, el resultado espacial refleja variedades de subpaisajes donde la configuración ambiental, entendida desde la percepción visual y la calidad paisajística, resulta bien contrastada. Conjuntos históricos, frentes marítimos, polígonos residenciales, zonas industriales, conjunto portuario, zonas residenciales en manzana o barrio, áreas comerciales y de ocio, etc., se reflejan como piezas de un puzzle rico de entornos específicos.

    Texto: Área de Planeamiento y Gestión Urbanística (Servicio de Planeamiento)

     
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